Mirando al mar

Hay momentos del viaje que son de paso, simplemente tramos que se tienen que transitar para ir del punto A al B y así sucesivamente. Pero en los viajes como en la vida no hay nada escrito. Estos días no tenía nada planeado con más interés social que el cabo de Skagen, archiconocida por el choque de mares entre el mar Báltico y el océano Atlántico y por la cantidad de pintores que han grabado en sus cuadros momentos de ese enorme cabo de arena. Pero los guionistas de esta historia, que es mi vida, han decidido que me merecía momentos emotivos, y momentos en que tendría que controlar mi mal genio y utilizar mi ingenio para conseguir objetivos. Nunca en mi vida me había pasado tanto tiempo mirando al mar…

Abandoné Copenhague por su costado oeste. Esta parte de la ciudad aún no la tenía visitada y me sorprendió por su belleza. Normalmente no me gustan los edificios modernos, mayoritariamente acristalados y con estilo cubista, pero el buen gusto y el buen saber de los daneses me alegraron mi partida de la capital.

Por mi camino en la isla de Selandia me encontraría con una ciudad llamada Holbæk y esta escultura del artista Jens Galschiøt. La escultura esta trabajada en piezas de cobre con la forma de libros y pergaminos unidos entre si formando la palabra FUNDAMENTALISM. Un proyecto que el artista a puesto unas pantallas con 600 frases sacadas de los libros de las tres religiones monoteístas más famosas de nuestra era: La Biblia, El Corán y La Torah.

Llegué a Aarhus en ferry desde Sjællands Odde. En la ciudad me esperaba un pequeño show de agua junto a una gran esfera planetaria. Por cuestiones lumínicas no podía sacar una foto del lado europeo, supongo que el sol quería que viese la gran masa de tierra que me espera en el futuro 😀 

Con tantas ansías salí de Copenhague para coger el ferry de Hirtshals que me estaba adelantando en mi planificación de ruta. Alrededor de doscientos kilómetros para llegar a mi destino y me faltaban aún casi una semana. Llegué a Randers y un buen danés tocando su guitarra acústica al compás de los pajaritos del bosque me informó que podría pasar la noche en la cabaña donde fuman los profesores del colegio. Decidí que estaba bien no montar la tienda un día.

Y claro, como tampoco tenía prisa volví a la ciudad para conseguir un mapa que hasta entonces viajaba sin, y conseguí algo más que un mapa. Morten y su madre Lene me guiaron por la ciudad, enseñándome  donde encontrar la oficina de turismo  que la habían cambiado de lugar, y acogiéndome una noche en su casa donde pasamos la velada en familia con su padre Bent que se unía a la cena fusión de comida española y danesa 😀 Gracias por todo!

Vuelta a la ruta me encontré con muchos caminos de montaña, fáciles de transitar si el viento y la lluvia lo permite. A partir de este momento la climatología me ha acompañado con la suerte cambiante, lo que me venía después era inevitable.

Aunque la previsión de unas recamaras nuevas me habrían servido para no perder tanto tiempo en aquella pista ciclista. Casi una hora me llevó la reparación del pinchazo y los repuestos, un fallo logístico que me costó empaparme como un pez por la lluvia. Pero lo más triste fue ver que en medio de tanto desastre, solo una persona al final de la reparación se paró a preguntar si necesitaba ayuda. Pasaron ciclistas de todo tipo y nadie se le ocurrió preguntar si puede echar un cable, ni pizca de humanidad. Siempre he dicho que soy más viajero que ciclista, y es que en el mundo del ciclismo son muy pocos los que lo hacen grande. Espero sinceramente que esta tendencia cambie favorablemente, pues nunca me han gustado los mundos de imágenes superficiales, que se unen para protestar como manadas de lobos defendiendo los derechos de los ciclistas y después cada uno deja que te mueras de frío en la cuneta. Al final se demuestra que el desalmado no es el coche ni la bicicleta, sino quien lo conduce. 

Por suerte no todo el mundo es así. Mayoritariamente, cuando uno tiene problemas hay tendencia de pensar negativamente y creerse que todo es malo, pero si me pongo a pensar la realidad es que no. Dinamarca me ha acogido increíblemente bien, he vuelto a tener nuevos amigos por el camino que me han acogido y tratado como uno más de la familia, me han llenado el camino de luz. Y para alegrar la vista, a mi que me gusta la arquitectura, las casas tradicionales danesas son preciosas. 

Llegué a Skagen con viento a favor por primera vez en mucho tiempo. Tuve la suerte de que el tiempo acompañó, por lo menos no llovía, pero el viento era fuerte y sabía que a la vuelta sufriría, pero antes de volver tenía misiones que cumplir. La primera fue descubrir por donde venía el Whiskey in the Jar que me traía el viento. Llegué a un pub hotelero que me recordó mis viejos tiempos en Irlanda. No pude evitar pedirme una pinta 🙂

Y cargado de recuerdos llegue a la punta del cabo de Skagen, un lugar llamado Grenen donde la magia todavía existe. Sentí el impulso de creerme Moisés por un segundo. Alcé el palo sefie en mi mano izquierda y el tetrabrick de Don Simon a la derecha como si fuesen las tablas de los diez mandamientos y dije: aguas del mar Báltico y del océano Atlántico, ¡chocar conmigo! 

Y claro, tanta fiesta y tantas palmas me vinieron los amigos del mar a saludar 🙂

Y como predije, el camino de vuelta fue complicado. Con rachas de viento de hasta cincuenta kilómetros por hora y lluvias intermitentes que convirtieron el viaje en un suplicio. El terreno había cambiado drásticamente también, ahora ya no viajo entre árboles y campos de cereal. El paisaje se convirtió en un área desértica y escarpada, con matorrales que me recordaban al norte de Europa y dunas de arena que podrían haber pasado por el desierto de Almería (con un poquito más de hierba). En los países escandinavos tienen el dicho que Noruega tiene las montañas, Suecia los bosques y Dinamarca las playas. ¡Yo lo confirmo!

En Hirtshals me acogieron la familia de Hanne y Niels en su casita de verano. Quiero daros las gracias por los días acogidos y por todo el cariño y el cuidado que habéis tenido conmigo. Llegaba al último destino danés que tenía en mi itinerario con problemas y gracias a vosotros no he dejado de ver la luz. Tusen tak!

 

Y es que para conseguir la foto que ven arriba me a costado sudor y mucho enfado. 27 son los países que he recorrido en mi vida hasta la fecha y nunca me había sentido engañado por una compañía de viajes. Direct Ferries me ha intentado timar y por su culpa casi me quedo en tierra. Compré la reserva por 284€ quince días antes de la fecha de la salida, al día siguiente me enviaron un correo electrónico diciendo que el precio había cambiado y que eran diez euros más, obviamente me negué y desde entonces comenzó la discusión. Al final, viendo el lunes que no estaba en las listas del ferry para el día siguiente, acepté pagar esa cantidad para no quedarme en tierra. Estos señores que van de compañía seria, me tuvieron en vilo todo el tiempo sin enviarme ninguna notificación al instante sobre el billete del ferry. Llegué el martes 27 a la terminal, adelantándome a todos los presentes que estaban haciendo cola para comprobar si estaba en la lista y tenía billete, por toda respuesta que me dieron fue NO. Tuve que correr a las oficinas del buque y después de una larga charla y conseguir wifi, para comprobar el estado de mi cuenta, pude ver que me habían devuelto el dinero y un mensaje a última hora con que no tenía nada de nada. La operadora de la terminal me informó que no es la primera vez que pasa con esta compañía de ferries. Si alguna vez compráis un billete de ferry jamás lo hagan a través de Direct Ferries. Para Islandia ir directamente a Smyril Line y comprarlo allí. Conseguí pasar la terminal cinco minutos antes de que cerrasen sus puertas. No me dio tiempo ni de fotos del barco por fuera ni nada de nada, pero por lo menos ¡ya estaba en el ferry!

Un poquito de postureo no va mal, sobre todo cuando se trata de ayudar a estos dos grandísimos guías españoles que se ofrecieron a ayudarme con el itinerario islandés. Llevan cuatro años viajando a Islandia para enseñar a todo aquel aventurero que se aprecie las maravillas de la isla. Tienen labia para rato, aburrido no terminaréis y conocimientos históricos, geográficos y de fotografía para saciar al mas sagaz de todos los curiosos. Si están pensando en un viajecito por la tierra más aventurera de toda Europa no duden en entrar en el siguiente enlace: limesviajes.com.

Y con esto y un bizcocho nos vemos el jueves a las ocho en Islandia. 

Gracias a todos los que me leen y los que me siguen por las redes sociales. Pero sobre todo gracias a todos los que me ayudan por el camino o con mensajes de apoyo. 

¡Hasta la próxima en Islandia!

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