La llave de la felicidad

Este puede que sea el post más raro que he escrito hasta ahora…

Mi experiencia en Valtice me cargo las pilas y nunca mejor dicho. Con una buena ducha con agua caliente, la ropa limpia y las baterías cargadas a tope me preparaba para una semana increíblemente extraña. Debía estar en Bratislava para finales de la semana por razones especiales, ¡muuuy especiales! Eso me daba mucho margen de maniobra.

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Estaba a 100 kilómetros de la capital y el tiempo no acompañaba para nada. Así que decidí salir de Valtice para no pagar otra noche, aunque sé que habría sido un día perfecto o mejor dicho calentito. Por suerte el lunes no llovió, pero hizo una niebla espesa durante todo el día. Volvía a recorrer durante diez kilómetros la misma parte de la Eurovelo nº9 entre Breclav y Altlichtenwarth. El día no mejoro y decidí pasar noche en un campo en lo alto de una pequeña ladera. No era capaz de ver más allá de 50 metros, así que fue una sorpresa para mí ver al día siguiente, aunque fuesen por unos minutos, molinos de viento.

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Esta semana es extraña como ya he comentado anteriormente. Primer lugar decido por primera vez en mi viaje quedarme un día más en aquel escampado sin desmontar tienda de campaña ni desalojar la zona por un segundo, a pesar que no sabía ni de quien era ni nada, ¡viva la acampada libre! En segundo lugar es por la filosofía que me tomado para hacer la ruta. Podría haber ido más lejos, pero las ansías de querer estar el viernes en Bratislava me impedían ir más rápido aunque siempre puedo hacer rodeos, el tiempo no me acompañaba para animarme el ánimo de hacerlos.

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El miércoles decido que es un buen día para visitar mi siguiente país en mi lista, ¡Eslovaquia! Pero primero visité mi último pueblo austriaco llamado Hohenau an der March ¿facilito de memorizar eeh? Desde que deje Italia soy casi incapaz de memorizar los nombres de los pueblos, y menos pronunciarlos.

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La frontera a Eslovaquia es un pequeño puente con semáforo para que los coches puedan cruzar el rio Morava intercambiando el sentido de circulación. Como punto de interés diré que tienen las típicas casetas de pescadores con sus redes cuadradas. Llegué a mi primer pueblo eslovaco llamado Sekule donde un hombre mayor me ayudo a poner agua en mis botellas y me guio a un restaurante donde tenían habitaciones para pasar la noche muy asequible. Puede que esta historia sea la más surrealista y abstracta que he vivido jamás en mi vida y sobre todo en mis viajes. cicloturismo-pozo-eslovaquiaDe camino al restaurante, el hombre no paró todo el camino hablando de sexo. Teniendo en cuenta que solo hablaba eslovaco y lo entendía gracias a la expresión corporal y a la única palabra en inglés que decía: sex. Yo empecé a preocuparme un poco, no sabía si me llevaba a una pensión normal y decente o a un prostíbulo e incluso empecé a dudar de las intenciones del individuo hasta que llegamos al restaurante y empecé a conocer a sus empleados. Me informan que tienen todas las habitaciones ocupadas, entonces se me ocurre preguntar si puedo poner la tienda de campaña en sus jardines y afortunadamente no solo me dicen que sí, sino además me informan que puedo quedarme las noches que quiera. ¡Qué suerte! Gracias de todo corazón a los empleados y al jefe del restaurante Holenka. Con este nuevo día sin moverme del lugar pero siendo muy productivo, estuve trabajando en mi nuevo proyecto que es crear un video blog. Pude conocer las personas de Moravský Svätý Ján y beber pintas a un euro, si hubiesen valido lo mismo en Irlanda ¡aún estaría encerrado en una taberna de Dublín!

El viernes amaneció frio y helado, muy helado. Me despedí de todos y volví cicloturismo-manel-playmobila la ruta para llegar a Bratislava y conocer por fin a Adam y su familia. Los 56 kilómetros que me separaban los hice en poco más de tres horas. La ruta muy sencilla y por carretera, pues había lavado la bicicleta para que este mes que estará en Bratislava no molestase más de lo necesario. Sí sí, se lo que estáis pensando en estos momentos os estaréis preguntando porque he dicho un mes pues… ¡¡¡¡Sorpresaaaa!!!!

Mi necesidad de estar estas fechas en Bratislava, (y en respuesta a mí tía Merche por sus preguntas del Facebook) no es más que por un pequeño viaje que me he regalado a… ¡casa! Soy cómo un buen turrón que vuelve para navidad y la verdad es que me apetecía mucho estar este año con la familia y los amigos, ¡llevo dos años sin ellos por estas fechas! Y la cuestión es que si algo he aprendido de este viaje es que debo estar allá donde me pide el corazón. Ese es la clave de todo secreto y quien conoce esto tiene en su poder la llave de la felicidad.

Así que este SÍ que es el último post de viaje de este año. Es increíble poder mirar atrás y ver todas las cosas que he llegado hacer. Pero lo mejor aún está por llegar y yo estoy muy impaciente por ver como esto continua hacía adelante.

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Espero que os haya gustado la sorpresa tanto como a mí y que disfrutéis de estas fechas tan especiales.

Y para finalizar esta semana publicaré el primer video blog así que un montón de cambios y nuevos horizontes se abren en este viaje y no solo en el camino ¡¡que nervios!!

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Muchísimas gracias Adam y a toda tu familia por ayudarme a guardar a Negrita y poder volar a mi casa, no hay palabras para agradecer el fantástico fin de semana en vuestra casa y el poder volver a casa sabiendo que mi montura esta a salvo. ¡Gracias!

Un saludo a todos y gracias como siempre por compartir y darles me gusta a todo lo que hago (aunque sea ya por cariño) ¡y recordad que los blogs se nutren por sus comentarios! ¡¡Un abrazo enorme a todos!!

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