Islandia parte 4: desierto

De todas las aventuras que llevo en Europa, estás últimas semanas han sido de las mas impresionantes de todas. He sobrevivido a la cólera del viento, al río glacial de este inicio de septiembre, con el único sustento de los ríos y lo que llevaba puesto. Pero he aprendido, que la belleza mas pura, es la mas simple de todas. Bienvenidos al desierto de Islandia.

Me gustaría hablar más sobre la capital Islandesa, pero la dejare para otro post. Abandoné Reykjavik por pistas ciclistas, prácticamente las únicas que hay en toda la isla, y siguiendo una ruta hípica llegue a la carretera 435. Los cambios más impactantes se hacen en los primeros 30 o 40 kilómetros de la costa. De un paisaje mayoritariamente verde, ¡al desierto!

Placas tectónicas

Con tantas prisas, solo me digné a ver las placas tectónicas. Þingvellir es patrimonio de la humanidad por la UNESCO y, por supuesto, el lugar más fácil donde visitar este fenómeno, que solo sucede en Islandia. El cañón que veis detrás de Negrita es simplemente un cañón en la placa americana. La placa europea se puede apreciar al final de la foto, en el horizonte. Todo el terreno que hay en el centro, ese valle detrás del cañón, es la gran “nada”. ¡Perfecto para disfrutar un día entre continentes!

Esta foto es simplemente para reivindicar la grandeza del lugar 🙂

placas tectonicas islandia

Como he visto que sr. Google no muestra imágenes de las placas tectónicas, por lo menos de una manera fácil de entender, las he dibujado en mi mapa. Desde que comencé mi periplo en Islandia, las he cruzado cuatro veces!

Landmannalaugar

A lo largo de mi viaje he visto muchos paisajes, pero pocos me han dejado tan maravillado. La carretera dividía dos cuadros de imágenes sacadas por dos mundos distintos, dignos de las pinturas surrealistas de Salvador Dalí.

En Islandia las ovejas hembras quedan libres con sus corderitos alrededor de la isla. A finales de la temporada de verano, todos los islandeses con caballos y algunos a pie van a recoger los ovinos en un mismo día. Van hasta el centro de la isla llamado Göngur, y todos a una movilizan el ganado hasta llegar al Réttir. Este último lugar es donde guardan los animales y es lo que pueden ver en la foto. Este día es conocido como Réttir.

Y si los paisajes eran de cuadros, la vida que recorren sus pistas y caminos de graba son de postales. Tengo que probar cabalgar un caballo islandés, son animales increíbles, con una inteligencia y belleza tan pura como la isla.

Elegí el mejor día de todo el viaje para visitar Landmannalaugar. La F208 es una carretera dura, con fuertes pendientes, pero con unas vistas maravillosas.

No encontré rio alguno hasta llegar al camping, allí comprobé que vadear los ríos no es tarea fácil…

¡Pero llegué! Landmannalaugar es increíblemente bello, un lugar sacado de cuento, donde solo la fantasía puede llegar ser real.

El camping ha sido el mas caro hasta la fecha, 2000 IKR. Por suerte, pude disrutar de una buena ducha al estilo campamento base, y un “hot spring” de los mas bonitos. Los lugares interesantes se aprovechan en el precio, para repartirse el dinero donde hay menos turismo.

Y todo esfuerzo tiene su recompensa. Por esta foto me esforcé en comprarme una cámara. ¡He podido volver a ver auroras! ¡Gracias a todos los participantes!

Y para despistados como yo, en Landmannalaguar tienen una tienda pequeñita… ¡en un autobús!

Desierto

Y cuando abandonas Landmannalaugar y sus turistas, te queda el desierto. ¡Por algo es la puerta a las “highlands”!

He recorrido mas de 300 kilómetros en pistas de graba, cuya foto es de lo mejor y mas fácil. ¡Negrita y yo hemos sufrido de lo lindo!

¡Y como todos los desiertos tiene sus oasis!

Y si crees que no hay nada en el centro te equivocas, está el camping de Nýidalur, en la reserva natural con el mismo nombre.

Y acto seguido otro río. He vadeado muchos en este viaje. La idea era hacer un vídeo divertido con Negrita, pero como se ha roto el ordenador no lo he podido hacer. Me esta costando escribir y editar todo esto a través del móvil.

Dos veces he intentado llegar a Askja y dos veces el río me ha ganado. La primera vez, desde la F910, el agua me llegaba hasta la cintura, con fuertes corrientes y un frio glacial. La segunda vez, en la F88, después de vadear uno de los ríos más grandes, una familia francesa me informaban que ellos no podían pasar con su Land Cruiser el siguiente, que un 4×4 estaba estropeado y la señal de profundidad rota por las fuertes corrientes. Si algo hay que aprender, es a saber escoger las derrotas. Askja me había ganado.

Así, decepcionado y con la única opción del conformismo más, absoluto, volví a la ruta. El paisaje en las tierras altas es puro espectáculo, aunque no hayan apenas señales de vida.

Pero los desastres suceden siempre de dos en dos. En el alto de una colina, con un viento terrible y una lluvia gélida, el portaequipajes delantero dijo basta. La fatiga de todo lo vivido le pasa factura al mas fuerte.

Por suerte esta pareja de alemanes pasaron en ese momento. Su gran camión nos sirvió de cortavientos, y con cuatro abrazaderas metálicas y dos llaves Allen conseguimos reparar el desastre. Danke schön!

Y para que no vuelva a romper la cámara, ahora le añado muchas más piedras al trípode!

No podía faltar el último río que vadeé. Agua glacial de la reserva natural del Herðubreið. Con los ánimos inconsumibles de mis amigos franceses.

¡Creerme que cruzar los ríos era una cuestión de agallas! En los que provenían de un glaciar, era tan fría sus aguas, que los dedos de los pies se negaban a moverse. Jamás he tenido tanto frío en los pies…

Al norte de la F26 nos encontramos con dos cascadas maravillosas. En la foto de arriba podemos ver Hrafnabjargafoss. Menos turistica, más salvaje.

Y la que se ve detrás de Negrita es Aldeyjarfoss. Como pueden comprobar son nombres facilitos de pronunciar y recordar. Ambas están en el mismo río del Gođafoss, y si no tienes pensado cruzar la F26, siempre puedes acceder desde la 842. Si no tienes 4×4 puedes aparcar el coche y caminar los 5 kilómetros que te separan del Aldeyjarfoss.

Vuelta a la civilización

Y por fin, después de muchos días, volvía a ver árboles.

En Mývatn acampé un par de noches con la intención de reponer fuerzas. Al querer comprobar los vídeos, fue cuando descubrí que mí ordenador estaba roto…

Con lo vivido en el centro de Islandia quería volver a sentirme en otro planeta, y que mejor que el área geotermal de Hverir para sentirse en Marte.

Por el camino recibí una granizada que convirtió la carretera en una pista blanca ¡en cuestión de segundos!

Pero está ha sido mi historia sobre el desierto de las tierras altas de Islandia.


Aunque de todo el proyecto solo me faltó Askja, al final he tenido la suerte de volver a ver auroras, de conocer gente maravillosa, de aprender donde están mis límites y aceptarlos. No hay mejor profesor que el desierto.

¡Un saludo a todos desde el camping de Egilsstađir!

3 Respuestas a “Islandia parte 4: desierto”

  1. Manuel Pedrero

    Como siempre me hipnotizas con tus historias,. No sufra por como a quedado tus aventuras . Siempre son fantásticas .Es pero que tengas muy pronto el nuevo ordenador.Seguimos contigo Gracias por todo.Tequiero tu madre

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