Islandia parte 1: Agua

Mi idea principal en Islandia era escribir uno o dos posts como mucho, pero debido a la magnitud de acontecimientos, exigencias del guion y el asombroso paisaje de esta isla, me han hecho cambiar de opinión. Puede que haya más partes de las que jamás me hubiera imaginado, pero en novecientos kilómetros que llevo hechos tengo anécdotas como para escribir un libro. Siempre pensé que el Camino de Santiago fue mi viaje más intenso, pero una vez más me equivocaba. Bienvenidos a la primera parte de una historia inolvidable.

Entre nubes

Así es como me sentía al llegar a Seydisfjordur. Esta pequeña ciudad se encuentra anclada en un precioso fiordo, o habría sido hermoso si las nubes me hubiesen permitido ver las montañas completamente. Pero en ocasiones es mejor así, que fluya el anhelo del deseo más extendido del ser humano, la curiosidad.

Las montañas me miraban amenazadoramente mientras servidor ascendía sus primeros metros por duras subidas de primer nivel. He superado muchísimas montañas en estos últimos 18.500 kilómetros que llevo de viaje, pero nunca un país me ha recibido tan duramente. Por suerte, el paisaje me iba enamorando a pedales agigantados, así fue como al llegar a mi primera cascada lo supe, no volveré a ser el mismo, hoy mi corazón se ha vuelto a dividir para añadir un nombre más a su lista de amores, Islandia.

Mi plan cambio antes de llegar a la isla, no haré el conocido “ring” (carretera general nº1), me dedicaré hacer fiordos hasta que me canse. Así al llegar a Egilsstardir solo hice cinco kilómetros y cogía mi primera carretera de grava. Solo he tenido un día entero de sol, y fue mi segundo día. Pero lo disfruté como nunca había disfrutado del sol, ¡vitamina D ven a mí! Así llegué a esta pequeña reconstrucción de una iglesia del siglo X.

Solo un día me dio tregua la isla, al siguiente llegó el verdadero temperamento del clima. Lluvia, viento niebla y claro, el terreno puso de su parte. Hellisheiði es en mi opinión, un puerto digno de la Vuelta. Si prestan atención, verán que sus números son muy similares a los del Tourmalet, pero con un aliciente, la pista es de grava.

Como pueden ver en mi cara, hay gente que nace para disfrutar sufriendo. Soy muy consciente de que en casa viendo Juegos de tronos, una manta y unas palomitas sería muy feliz y me cansaría menos, pero nací masoca.

También soy consciente de que estéticamente no estoy a la moda, es más, se diría que me han expulsado de un circo, pero da igual. Soy la persona más feliz del mundo mundial cada vez que consigo hacer cima. No seré Superman, pero soy SuperManel y en ocasiones consigo tocar el cielo con la mano levanta.

Pero mi entusiasmo va a nivel del tiempo. Tan rápido estoy en el cielo como en un mar de nubes y frío glacial, y muy a menudo van los dos estados cogidos de la mano. Sinceramente no me esperaba un frío tan intenso, he viajado en el polo norte en pleno febrero y creo que, a excepción de cuando estoy en la tienda, no había pasado tanto frío encima de Negrita. Es complicado elegir correctamente la equipación, si me pongo la chaqueta gruesa sudo y traspasa el viento así que me congelo, si solo me pongo el cortaviento, sudo y como es fino también me congelo, si me pongo las dos cosas me muero de calor y me ahogo en mis propios sudores, así que me veo obligado a parar, quitarme ropa e inmediatamente ya saben lo que me pasa, ¡cubito de hielo!

Con dilemas mentales elegí esta cabaña tan chula para descansar un día entero. Está construida con maderas que vienen flotando por el mar, arrancadas de las costas siberianas. Es un mirador de pájaros y la morada de Mickey, un ratoncito que me hizo compañía ese espirituoso día de verano.

En mis años de viajes he visto muchas ovejas, pero estas son realmente bonitas. Aunque la gran mayoría de ellas tienen la mirada tan perdida como la de una cabra. Son mis mejores compañeras de viaje, y a excepción de los turistas, son los seres vivos más fáciles de ver junto con los pajaritos.

Y continuamos con más subidas que llevan al viajero al cielo. A este paso me van a confundir con un pájaro por estar tanto tiempo entre las nubes.

Y es que todo esfuerzo tiene su recompensa. En ocasiones hay que abandonar a Negrita para ver estas maravillas de la naturaleza islandesa. Para llegar aquí tuve que superar rachas de viento de 45km/h, caminos de grava llenos de baches, y una lluvia de última hora que me empapo hasta los honores. Intenté poner la tienda en el primer sitio que encontré, pero no estaba bien protegido del viento y casi la rompo, tuve que avanzar a 3km/h contraviento y marea para, al fin, descansar y secarme.

Pero con los premios que la isla me brinda acepto todo tipo de sufrimiento y maltrato por el clima. El valle del Jökulsárgljúfur es una reserva natural única y espectacular. El río Jökulsá ha ido erosionando la tierra creando un cañón que inspira a leyendas de pasión.

Sé que en temas de placas tectónicas no soy ningún especialista, pero por la línea que puedo ver en mi aplicación del móvil sobre volcanes, esta pasa paralela al valle de Jökulsárgljúfur y gira en dirección a Húsavík. Esto me lo encontré en ambos lados de la carretera, en foto no impresiona, pero en realidad sentí al ver esta enorme cicatriz de la corteza terrestre que, si me introducía en su interior, podría llegar al centro de la tierra. Prometo a mis dos Evas de Oslo (curiosidades de la vida, quienes me advirtieron de este fenómeno en la capital noruega se llaman Eva las dos) involucrarme un poco mejor sobre las placas tectónicas intercontinentales en mi próximo cruce y vuelta a Europa, en estos momentos estoy técnicamente en América 😊

Érase una vez un viajero tan cabezota que bajo con su montura a las entrañas del gran cañón de Islandia solo para hacerse esta foto. Pero si el monumento elegido es la cascada más poderosa de toda Europa, entonces todo tiene perdón. ¡Bienvenidos a Dettifoss! Ya no podré decir nunca más que no me gusta el postureo, no poco…

Normalmente ponen la parte central del cañón de Ásbyrgi. Esta formación geológica tiene la forma de una herradura de caballo, y como todo en Islandia tiene su leyenda. Según la mitología vikinga, Odín bajó de los cielos con su caballo llamado Sleipnir. Al llegar al mundo de los hombres, el divino corcel pisó con una de sus ocho patas el suelo dejando su enorme huella en él. Menos mal que no le dio por pisotear más, no habría dejado la isla intacta ¡ni vikingo vivo para contarlo!

Y aquí contaré un poco de botánica. Esta planta tan bonita es el lupino, al igual que el hombre, una invasora descomunal. Debido a los continuos derrumbamientos de tierra, alguien se le ocurrió traer esta planta desde Canadá para sujetar mejor el suelo. ¿Consecuencia? Mares de un purpura perfumado a damisela por toda la isla. Obviamente a todos los turistas nos gusta, y seguramente los islandeses también, pero las plantas autóctonas están perdiendo terreno. Una pérdida de vida autóctona irreparable, que como siempre, es consecuencia del hombre.

Y por si alguien se preguntaba como dormía, pues como un bebé. Puede que no tenga luz, ni agua caliente para ducharme, ni televisión, ni una cama cómoda, ni internet. Pero tengo el mejor jardín del mundo, pues tengo el mundo como jardín

North Sailing

Y aquí viene el momento épico de este post. Puede haber muchas compañías en Islandia para ver ballenas, pero tuve la suerte que me escucharon la mejor de todas ellas. North Sailing es una compañía involucrada en el medioambiente. El barco con el que me llevaron funciona con combustible ecológico, el Náttfari es el mejor barco para adentrarse al mar 😊

A bordo toda la tripulación del North Sailing trabaja arduamente para que tengas un viaje cómodo y divertido. Son tres horas de trayecto alrededor del fiordo donde una guía te explicará todo tipo de historias, desde mitológicas como la vida de los primeros vikingos al llegar al fiordo, por donde pasan las placas tectónicas y la distancia al círculo polar ártico, pero sobre todo, te hará una explicación exquisita sobre las ballenas que irán saliendo.

En mi viaje solo pudimos ver ballenas jorobadas, ¡pero vimos un montón! Y es que en una ocasión llegamos a ver hasta tres ballenas al mismo tiempo. De las casi quinientas fotos que hice solo salieron medianamente bien alrededor de quince, lo siento yo no soy fotógrafo y mi temple es el de una gelatina. Tanta emoción haciendo fotos que, antes de enfocar ya había disparado. Por suerte vimos tantas ballenas y estuvimos tanto rato que hasta alguien tan malo como yo haciendo fotos le salieron unas cuantas muy buenas 😊

Y todo con el mejor respeto al mamífero rey de los océanos. Manteniendo una distancia prudente para no estorbar al animal de su actividad diaria. Sinceramente estoy super feliz de que una empresa como North Sailing me haya dado esta oportunidad única de ver ballenas y cumplir un sueño más hecho realidad. Recordad, si queréis ver ballenas ir a Húsavík, capital mundial de las ballenas, e ir directamente a North Sailing, son especialistas de hacer de tu viaje una experiencia única e inolvidable.

Aunque tengo más historietas que contar, estas tendrán que esperar a la segunda parte de esta increíble aventura que se llama Islandia.

Gracias a todos por seguir a mi lado un día más. No podría llegar tan lejos sin todos los que me ayudan por el camino, así que una vez más, gracias a los que me han acogido, apoyado y alzado para poder llegar a ese peldaño que creía que no sería capaz de llegar.

Este es el final de la primera parte, y del primer color de la bandera islandesa, azul, que representa agua. Be water my friend!

4 Replies to “Islandia parte 1: Agua”

  1. Manuel Pedrero

    Como siempre eres el trota mundo favorito de mi vida. Ya espero la segunda parte de el jardín mas grande de mundo.TE QUEREMOS .

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  2. Saeunn Hronn

    Nice to read about your travelling in Iceland Manel, and great photos. You are seartanlly not on road nr 1!
    Have a nice time in Canada 😉
    B greetings from Sólvík restaurant.

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