Camino de la cultura

No hay nada como pararse a pensar que es lo que has hecho estas dos últimas semanas de viaje. No es por rutina, palabra incompatible en un viaje de aventura, es por absorber toda la información adquirida y aprendida en ruta. Cuando parece que has tenido una semana tranquila y sin apenas cosas importantes que contar, te das cuenta que es cuando más cosas tienes que explicar, pues los momentos requieren tiempo para aprender de ellos. Un viaje sencillo a priori entre dos capitales escandinavas se ha convertido en una clase magistral de arte, historia, cultura y generosidad humana.

Suecia

Abandoné Estocolmo con los deberes hechos, ya podía pedalear con un asiento que no se movía, la “broma” del ladrón de Oslo me ha costado seiscientos kilómetros de viaje y dolor de culo, pero no hay mal que por bien no venga y la experiencia es lo que me llevo.

La ruta lógica para ir a Dinamarca es bordeando la E4 hasta Helsingborg donde te espera el ferry. También es la más corta, estoy seguro que costeando encuentras paisajes increíbles, pero la verdad es que en estos lares solo necesitas un día con sol para disfrutar de la belleza geológica del país. Un sol que se ha resistido a salir estos días, cubriéndolo de nubes y fuertes vientos. Por suerte para mi en esta parte del viaje he tenido más pistas ciclistas donde poder viajar fuera del tráfico.

Aunque en ocasiones las señales te bloquean el camino. Supongo que el que puso la señal ahí no era amante de los ciclistas cargados con sesenta kilos de sueños y comida.

Mientras tanto llegaba a Himmelstalund, un parque que me sirvió para aprender un poco sobre la cultura vikinga. Antiguamente los chamanes vikingos escribían sobre la piedra desnuda de la ladera para explicar sus proezas o guiarse en sus viajes migratorios. Este parque contiene más de 1660 pinturas rupestres.

La verdad es que Norrköping me atrapó en sus redes, o tal vez fui yo con mi trabajo en el post anterior y tuve la necesidad de acampar en sus terrenos, pero la verdad es que me pareció interesante acampar en Himmelstalund y dormir entre pinturas de la edad de bronce.

Tuve la suerte al día siguiente de encontrarme a Tomás, un amigo chileno que vive en Norrköping, y me informó que era el día nacional de Suecia. Le dediqué la mañana a disfrutar del sol y la música tradicional en un escenario montado en la plaza de la iglesia. ¡Hasta Rodolfo se animó a mover la bandera!

Los suecos me continúan sorprendiendo con su afición vintage por lo americano. Coches y ahora también gasolineras que parecen sacadas de películas de los sesenta. En cualquier momento me salia John Travolta cantándome el Greased Lightning 🙂

Si algo me a aportado este camino a sido la amistad y la generosidad de encontrarme con personas que le han dado luz a estos días tan nublados. Las casualidades son para los supersticiosos, yo estaba destinado a conocerlos y que me aportasen esa chispa latina y ese calor humano que en ocasiones a los escandinavos les falta. Gracias de todo corazón, a Pedro y Mariví  y a esa maravillosa tortilla de patatas que me supo a gloria, y a Alfonso, Ana Belen, y a las peques Jimena y Angelica que llenasteis a este corazón de luz y felicidad. ¡Un abrazo a todos y felices rutas! 🙂

En Värnamo me encontré con esta espectacular casa al estilo del mejor arte modernista con fusión nórdica y dedicada a Charles Chaplin. Resultó ser una pizzeria y no un museo como yo esperaba.

Y con tanta historia llegué a mi última ciudad de Suecia. Helsingborg me esperaba pequeñita pero majestuosa. Demostrándome una vez más que Suecia es un lugar libre y fácil para viajar, apto para todos los bolsillos. Como no podía ser de otra manera no conseguí que me acogiesen en la ciudad, aunque ya después de la experiencia tampoco me esforcé en ello. Acampé en una pequeña zona de árboles al lado de la playa. Una noche ventosa que me obligó a reforzar los clavos de la tienda de campaña, y atrajo a los bomberos por algún problema en el puerto, esta fue mi despedida a este país que me ha enseñado que la libertad y la soledad van cogidas de la mano. 

Dinamarca

En Elsinor, o Helsingør en danés, encontramos esta maravilla de pez construido con residuos recogidos por el artista en la orilla del mar. Como comprenderéis Negrita se camuflo en la foto porque también quiere estar presente en este monumento en contra de la basura tirada y abandonada en el fondo del mar y en todos los lugares donde el ser humano pone su pie. Es una vergüenza ver como ensuciamos el único lugar donde nos da la oportunidad de vivir.

Ser o no ser esa es la cuestión. Cuando venía me advirtieron de que no me olvidase de visitar el castillo renacentista de Kronborg. Este mausoleo es producto de la reconstrucción del castillo de Krogen en 1585 ordenado por el rey Federico II, No solo le cambiaron sus vestimentas sino también modificaron su nombre. Pero la fama de este castillo no es por su declive histórico, en él se inspiró William Shakespeare para construir su obra de teatro más famosa de todos los tiempos, el príncipe Hamlet ve al espíritu de su padre en los baluartes del castillo. Suficiente para millones de turistas y para un servidor que aprende mientras viaja. 

Copenhague

La capital de Dinamarca me recibió con ráfagas de viento, nubes y sus calles levantadas en obras que dificultaban la orientación y una buena foto. La anécdota del viaje puede ser la detención por parte de dos policías por haberme saltado en un solo cruce no se cuantas normativas de circulación. En veintidós países recorridos en bicicleta es la primera vez que me paran por cometer una infracción de tráfico. Cada lugar tiene sus normativas y hay que respetarlas, pero en ocasiones es imposible conocerse todas. Por suerte para mis bolsillos, las dos policías comprendieron que me había equivocado y pude salir del embrollo sin una amonestación.

Quiero agradecer a Lise por acogerme estos días y ofrecerse como guía en la ciudad. El primer día de visita guiada me llevo a Christania. El mundo anarquista-callejero tiene su capital en este barrio de Copenhague que me ha demostrado que se puede vivir de otra manera. Estado dentro del estado, así es como se me ha presentado, espero que puedan continuar viviendo este sueño por mucho tiempo. Bevar Christania!

Aquí muestro lo que más me llamo la atención, la libertad de los habitantes de Christania para hacer lo que les de la gana siempre que no hagan daño al prójimo. Pintadas en cada pared en la que muchas de ellas termina siendo arte callejero y puesto de venta de hachís y mariguana. En ocasiones, por el hueco legal que deja el barrio, bandas criminales han intentado entrar en Christania con drogas más peligrosas o armas, pero los ciudadanos de Christania los han rechazado. Creo que aunque en ojos de un beato del sistema vea mal esta forma de vida, hay que informar de estas cosas. Son gentes libres con un estilo de vida diferente, pero rechazan la violencia y la opresión.

Otro lugar que me gustó mucho fue el canal de Nyhavn o puerto nuevo. Las calles a la orilla del canal están repletas de restaurantes y vida. Su ambiente y colores, sus olores y sabores me recordó a una mezcla de Ámsterdam y Milano. 

El castillo de Rosenborg es sin duda una de las zonas de recreo para todos los turistas y los que no lo son. En las faldas del castillo hay un parque considerablemente grande que se puede pasear, ir en bici o simplemente admirar los árboles y las esculturas escondidas por sus esquinas. Este palacete fue construido por el rey Christian IV al principio del siglo XVII y ahora sirve como museo y almacén de las joyas de la corona.

Hans Christian Andersen es el autor danés de cuentos tan famosos como El patito feoLa reina de las nieves, o La Sirenita. Aunque por moraleja siempre me ha gustado el patito feo, aquí en Copenhague le han hecho escultura a su obra la sirenita. Cuentan que el famoso escritor se inspiró en esta historia debido a sus repetidos fracasos sentimentales por enamorarse de mujeres inaccesibles para él. Esta es la historia de un corazón roto que se enamoró de quien no debía, quién sabe si escribía su propia historia en versión para niños.

Y esto es todo lo que ha dado mi historia hasta la capital danesa. Me despido con una versión ciclista de una de las empresas danesas más famosas del globo. 

¡Hasta la próxima desde Legolandia! 

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