A por las luces del norte

Como si fuese un grito de guerra, una llamada a la acción o el mismo destino empujándome a salir de este cascarón. Llevo años viajando y los últimos meses los he pasado en Oslo, trabajando y luchando por unos objetivos económicos de los cuales estoy seguro que no cumpliré, pero los que me conocéis ya sabéis que el dinero no me para a mi, ni me retiene la esperanza de ganar más. No. El motivo principal de mi estancia en la capital Noruega es un fenómeno que solo ocurre en los polos ciertas épocas del año. Por eso cuando mis amigos me dijeron que querían ir a una cabaña a ver la aurora boreal yo no me pude reprimir ¡Voy con vosotros! Y fui de la mejor manera que se llegar a los sitios, con Negrita 🙂

La ruta planificada

 

Este viaje comenzó mal planificado por mi parte, ¡me confundí de fin de semana! Así que cuando el lunes leí en el grupo de Whatsapp que faltaban cinco días me asusté… ¡no tengo nada preparado! Por suerte servidor tiene recursos y es capaz de preparar una ruta de un día para otro, y amigos que te ayudan a poner guapa a Negrita.

cicloturismo puerta casa

Así comenzó mi aventura, sin prevenirlo, homenajee a mi amada montura el día de los enamorados. Sí lo reconozco, Negrita es mi pasión, creadora de mi deseo, una compañera ideal que me ayuda a crecer y construir mi vida. Feliz día de San Valentín querida 🙂

En algunos tramos de la ciudad de Oslo había nieve, pero fue al salir de Oslo cuando me encontré con verdaderos caminos cubiertos de nieve y hielo. Gracias a los neumáticos de clavos conseguí tener agarre como en asfalto seco.

El año pasado ya tuve mi primera experiencia sobre temperaturas bajo cero y nieve, así que esta vez salí bien preparado. Al inicio del día estábamos a -10ºC  y fueron subiendo hasta llegar a -2ºC. El punto más importante de viajar en invierno es no sobre-calentarse para no sudar, mantenerse seco es lo más importante.

La carretera nº4 me llevó hasta Harestua y su lago helado. Tienen dos carriles donde unas motos de nieve limpian diariamente la nieve para dejar una pista de hielo, perfecta para patinar, esquiar o ir en bici. Como pueden comprobar los neumáticos se comportaron a la perfección y conseguí poner a Negrita a 35km/h a golpe de pedal 🙂

Se levanto una niebla espesa que venía del lado oeste del lago. Tanto me entretuve y me divertí que se me hizo de noche y tuve que acampar en la orilla.

Y así pase mi primera noche, soñando ver el más mínimo resplandor verdoso en el cielo, pero apenas las estrellas se dejaban ver. Demasiado al sur me encontraba, ¡tengo que seguir subiendo!

Continué subiendo latitud en el mapamundi donde nos encontramos viviendo. He viajado por muchos lugares en Europa y como ya sabréis, también me he recorrido Noruega de punta a punta, pero los paisajes de este basto país se desbordan en invierno. Los lugares más insignificantes en verano se convierten en verdaderas obras de arte en invierno.

La carretera me llevó al fiordo llamado Randsfjorden. Está congelado la mitad norte del fiordo que es la zona menos profunda. Los barcos se sacan de los muelles de los puertos pues al congelarse el agua corren el riesgo de zozobrar y convertir el barco en submarino para la primavera.

La panorámica que tenía enfrente mientras viajaba por la mitad sur del Randsfjorden era espectacular. La segunda noche acampé a la orilla del fiordo cerca de Horn. Esta zona fue también un lugar donde los noruegos se enfrentaron a los alemanes en la segunda guerra mundial. Los noruegos perdieron la batalla porque se precipitaron a la hora de activar las trampas, haciendo explotar los explosivos antes de tiempo. ¿Quién me iba a decir que un noruego se precipitaría?

Aunque si hubo algo que me sobrecogió el corazón fue ver el fiordo completamente congelado. Desde entonces y hasta el final de mi ruta mi corazón latía enamorado. Sinceramente si no fuese porque tengo que continuar mi trabajo este mes de marzo aún estaría haciendo fotos en la carretera.

Llegué el pueblo de Dokka a menos de una hora del anochecer. Podría haber probado que me acogieran los ciudadanos de Dokka, ya que era mi tercera noche a la intemperie y físicamente dormir a -10ºC desgasta. Pero estaba convencido que vería una aurora en algún momento… no la pude ver, ¡pero tuve tiempo de jugar con las luces de los coches!

Nada más comenzar el viernes me tocó hacer un caminito de lo más divertido. Según mi plan, ya que había fallado el ver la aurora por el camino en tienda de campaña, sería verla en la cabaña ese mismo fin de semana. Decidí que mi “último día de pedaleo” tenía que ser a lo grande.

Y sinceramente me lo pasé muy bien. Gracias al esfuerzo de los tres días anteriores solo me quedaban por delante cuarenta kilómetros que pedalear con mil metros de ascensión acumulada, así que ¡a disfrutar!

Y lo más fuerte me tocó al final del recorrido. Subir los últimos trescientos metros de altura en dieciséis kilómetros aparentemente no es nada complicado, básicamente si comparamos con el Tourmalet son unos mil doscientos metros de desnivel en la misma cantidad de kilómetros, aunque sí que me costó. ¿Será que no voy con esquís?

Creo que pocas montañas me han hecho parar tantas veces como paré en la subida del hotel, pero las vistas habrían hecho parar hasta la persona más fría del mundo. Soy un enamorado de los anocheceres 🙂

Llegué al anochecer media hora antes que mis amigos. Nos esperaba un fin de semana increíble por delante en la hytte (cabaña en noruego) donde disfrutamos de varias actividades como esquiar o el spa con piscina y la sauna con vistas a la montaña de Synnfjell de mil cuatrocientos metros de altura.  Gracias Spåtind Sport Hotel por el servicio y el libro, ¡lo guardaré como un tesoro! 🙂

Y llegó el domingo… ¡y nos fuimos sin ver la aurora boreal! Los días no acompañaron para que pudiésemos disfrutar del fenómeno meteorológico pero pude disfrutar de algo mejor, ¡la compañía de mis amigos! Noruega tiene uno de los paisajes más increíbles de toda Europa, pero si algo va hacer que me cueste dejar este país será toda la gente que he ido conociendo, sobre todo esos que me han tocado el corazoncito. A los que salen en la foto y los que no salen ¡GRACIAS!

Perdidos al norte

Pero la decepción de no ver las luces del norte activo la locura que llevo dentro y, desechando todo tipo de cordura, me abandoné a mi suerte una vez más en mi vida. Cargué a Negrita con energías renovadas y me dirigí con un solo rumbo al inicio, ¡al norte!

Mi primer destino fue Lillehammer. Para llegar a esta ciudad primero me tocó superar una montaña de mil metros muy nevados. La carretera cubierta de hielo estaba constantemente bacheada, los quitanieves dejan unas marcas en el hielo con la forma de los dientes de la pala, para los coches y demás vehículos de cuatro ruedas no son peligrosas, pero para una bicicleta es como querer pasar por encima de las vías del tranvía.

La carretera que me llevaba a la ciudad me brindó una imagen espectacular de las cascadas heladas. Esta imagen de eterna hibernación tiene tal magnitud que te hace soñar en mundos paralelos donde la magia todavía existe. Puede que en algún lugar de este sitio continúe viviendo la reina de hielo.

En Lillehammer pasé noche en la estación de tren. Tenía varias opciones por delante, concretamente dos. La primera era la inicial y menos sensata por tema laboral: continuar en bicicleta hasta conseguir ver una aurora boreal. Por consiguiente y mirando la aplicación de las auroras boreales, tendría que superar el circulo polar ártico y eso estaba a más de mil kilómetros de distancia. La segunda opción era ir a Bodø en tren. Acababa de informar a mi encargado que no volvería hasta ver una aurora, pero no quería perder tantos días de trabajo pues tengo un alquiler que pagar y podría echar por tierra el poco dinero que he conseguido ahorrar. Así pues, aunque el tren fue caro, era la opción más viable.

En mi viaje a Bodø hice parada en Trondheim, Alli volví a visitar algunos puntos que ya conocía pero que me continúan pareciendo increíbles como la catedral de Nidaros. ¡Gracias Benni por acogerme sin previo aviso!

Llegué a Bodø a las nueve y media del miercoles. Volvía a estar por encima del círculo polar ártico por tercera vez en mi vida,  sí sí, en el polo norte. Sinceramente no hace más frío que en la zona sur de Noruega, pero el viento gélido me hacía sentir la piel tensa como si se quisiese romper en algún momento. 🙂

En la ciudad la asociación de trekking me informó que había una cabaña/refugio en lo alto de la montaña llamada Keiservarden donde valientemente podría pasar la noche.

Por algo más de cuatro kilómetros me tocó empujar a Negrita en medio de una carretera cubierta de nieve. De los días anteriores quedaban los surcos producidos por un vehículo con ruedas anchas, insuficiente para que pudiese subir encima de la bici. Me obligó a caminar por encima de la nieve si quería tener fuerzas para empujar a Negrita dentro del carril, ya que empujarla por encima de la nieve era tarea imposible.

Al final, y con un esfuerzo increíble conseguí llegar a la cima de la montaña. La acumulación de nieve era tal que para mantener de pie a Negrita no necesitaba de caballete, ¡se mantenía sola!

Como pueden apreciar llegué al anochecer. No podría haber elegido mejor momento para llegar. Tenía la nariz congelada por el frío, los hombros doloridos por empujar a Negrita y los pies destrozados por caminar en la nieve. ¡Tenía piezas de hielo incrustadas incluso en el mismo calcetín! En la imagen de arriba se puede apreciar la ciudad de Bodø al fodo.

Mi intención principal era acampar en el exterior ya que la cabaña no estaba cerrada herméticamente, pero el fuerte viento me obligó a cambiar de opinión. Despejé la cabaña e instalé mi nueva tienda de campaña en su interior. Mi idea de fotografiar la tienda de campaña con la aurora se esfumaba, pero hay cosas en esta vida más importantes que el postureo.

La aurora boreal

Y al final el esfuerzo se vio recompensado. Comenzó con una corazonada. Yo acababa de cenar y de calentar el agua para la bolsa de agua caliente que me regaló Eva, un súper regalo que me ayuda a pasar las noches a menos -15ºC. Y lo noté estando dentro de mi tienda. Salí y miré al cielo estrellado. No se ve nada, solo estrellas y alguna nube. Me encamino hacia la tienda de campaña y lo vuelvo a notar, como si algo me rozase el corazón y la mente, tengo que volver a mirar mejor.

 Miré al oeste y vi algo detrás del nubarrón. El cielo parecía iluminarse con diminutos y tímidos destellos de una luz blanquecina que en ocasiones parecía verde y en otras, las menos usuales, purpuras. El viento me obligó a afianzar el trípode con piedras para que no volcase y se rompiese la cámara. Temblaba de emoción, ¡por fin cumplí mi sueño!

Vuelta a casa

Cumplido mis objetivos volví a la ciudad de Bodø para coger un tren destino a Oslo. Pero antes me tocó bajar esa increíble montaña que me regalaba las mejores vistas allá donde mirase.

GIF

Bajar una montaña con tanta nieve tiene sus riesgos. Me suelo caer poco pero en esta montaña me caí tres veces, menos mal que en el cicloturismo cuando te caes no te sueles hacer mucho daño. La casualidad me puso a grabar justo la zona de la caída y de ella se me ocurrió hacer este GIF. No te preocupes por la caída sino por lo que tardes en ir a recoger la bici 😉

Pero por suerte el esfuerzo mereció la pena y pude sacar fotos como esta. Creo sinceramente que viajar en invierno por Noruega ha sido una de las experiencias que más me han conmovido el corazón.

Al final conseguí coger mi tren a Oslo después de pasar dos noches tirado en la estación del ferry. Por suerte pude conocer muchos viajeros de los cuales quiero saludar a todos y dar las gracias por su compañía a mis nuevas dos amigas francesas Barbara y Justine. Enchanté 🙂

Volvía a estar en Oslo después de casi veinte horas de tren. Ha sido una paliza al cuerpo pero muy gratificante al alma. No se que nos preparará el futuro, pero lo enfrentaremos con alegría y coraje. ¡Que nunca perdamos la mirada del tigre!

Epílogo

En el mundo de los espíritus

 Como pasa siempre que cumples un objetivo, te viene a la cabeza todo lo que has hecho para llegar hasta aquí. Hace poco me preguntaron ¿cómo lo hacía para llegar tan lejos? Siempre embellezco la respuesta con un toque optimista, o simplemente, si les tengo mucha confianza, digo a los demás que están viejos. La verdad es que siempre digo que es un sueño porque hasta a mi esta frase me da energía y esperanza, pero la verdad es que como cualquier otro viajero, salimos en la búsqueda de una respuesta a una pregunta que suele buscar los motivos de nuestra existencia. Ya hablé una vez sobre ¿qué ofrecemos a los demás?, la verdadera pregunta debería ser ¿qué ofrecemos a nosotros mismos? Porque si no nos ofrecemos nada a nosotros, ¿qué le podemos ofrecer a los demás?

Por fin, después de la emoción y del postureo miré de verdad al cielo. No con los ojos, sino con el corazón y de mis ojos brotaron lágrimas. Este mundo de espíritus  se abrió ante mi con un cielo de verde esperanza, y en él pude ver que me ofrecía a mi mismo. Estos últimos meses he estado estancado y mi mente cargó de melancolía mi corazón. Un corazón que yo creía que llevaba años roto y del cual pensaba realmente que eran los motivos por lo que yo era capaz de hacer lo que hago. Pero no, estaba confundido. Es la mente la que nos traiciona muchas veces, haciéndonos ver cosas que aún no han sucedido. El mundo se carga constantemente de pesimismo cuando no tenemos necesidad para ello. Sé de buena mano que el noventa por ciento de las personas con las que me comunico hoy no sabré nada de ellos dentro de un año, pero eso no debería de ser motivos para estar triste. La vida del viajero, la que escogí, hace que conozcas muchas personas de las cuales, el diez por ciento se dedicará a darle un me gusta a lo que he escrito y un uno por ciento te escribirá de vez en cuando, da igual la relación que hayas tenido antes, familia, amigos, conocidos o amantes. Pero la realidad es que no debemos estancarnos en el pasado, ni ver las cosas que se avecinan, tenemos que vivir y disfrutar el momento.

Todos tenemos nuestras vidas por las que luchamos, y sé que aunque no me hablen no lo hacen por maldad, al fin de cuentas soy yo quién se ha marchado. Pido perdón por ello, por no estar en los momentos difíciles con mis padres o mi hermana, ni las bodas de mis amigos o estar a su lado en los momentos más difíciles por las perdidas de sus seres más queridos, de no haber sabido estar con las mujeres que he amado. Me dijeron que tenía que aprender a dejar ir y en este momento no se me ocurrió mejor lugar donde sanar mi alma que bajo la luz de la aurora. Pero no dejé marchar los buenos momentos ni las personas que residen en mi corazón. No. Dejé marchar los malos pensamientos, los que me hacen ser negativo. Dejé marchar el rencor, el que tenía porque se preocupan más los que acabo de conocer que los de toda la vida, de los problemas por herencias que me tocan los cojones, cuanta razón tenía el yayo… de que me mandasen mensajes de buenos días y sueña con los angelitos y hoy ya no soy nada, de todo lo que no es bueno para mi salud mental ¡bye, bye! 

Al final solo quedamos la aurora y yo. Descubrí que me ofrecía a mi. Puede que no llegué a ser el mejor hombre del mundo, al fin y al cabo ser hombre (o mujer) no es una competición, pero sí que puedo ofrecerme a mi mí mejor versión. La del camino de la pureza aunque la sociedad se empeñe que tenemos que ser inteligentes para que no nos engañen. Quiero ser fiel a mis ideales a viento y marea. Volveré a confiar en el mundo como he hecho siempre. Volveré a darlo todo cuando me enamore sin miedo, porque prefiero morir sabiendo que he amado hasta el alma. Pero sobre todo, quiero ofrecerme mí propio corazón, porque de todo lo que soy es lo más bonito que tengo.

Gracias a todos por llegar hasta aquí a mi lado.

Este post está dedicado a mis padres y mi hermana, a las mujeres que se han atrevido a rozarme el alma, a mis amigos de siempre y los nuevos, a todas esas personas que he conocido por el camino y las que me quedan por conocer, a todos los seguidores que me conocen a través de las redes sociales y el blog, absolutamente a todos. Nunca la energía que me ha llevado tan lejos ha sido el rencor, el odio o un corazón roto. Siempre lo que me ha movido ha sido el amor ¡GRACIAS! Por participar en él

 

1 Reply to “A por las luces del norte”

  1. Manuel

    jOO no se que decir mi niño. Es impresionante . Toda tu vivencias y sensaciones. Me siento pequeña leyendo toda tu historia. Tienes tanto escondido que ni tu lo sabes. Ya se que siempre te lo digo pero tienes la virtud de conseguirlo. Sigue tu camino y cuéntalo.Me gusta todo menos que te congeles los pies. Te quiero eres mi héroe

    Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*